Las 10 discusiones de pareja más típicas

By on 28/05/2014

Las 10 discusiones de pareja más típicas. Fuente: taringa

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Es probable que la mayor parte de vosotros, al igual que yo, hayáis entablado en alguna época de vuestra vida una relación seria y formal con otra persona (o lo estáis haciendo ahora mismo). Es bonito poder compartir cosas con esa persona a la que quieres -hoy estoy tierno, fíjate tú por dónde-.

Pero no nos engañemos, no todo es bonito, ya que hay momentos en los que te cargarías a ese ser al que adoras pero al que, al mismo tiempo, puedes llegar a odiar por momentos. Pues bien, eso me ha llevado a pensar que sería gracioso recopilar algunas de las discusiones más frecuentes en las parejas (aunque siempre desde la visión de un hombre, claro esta, pues es lo que al fin y al cabo soy…o eso creo).

10 – Tu familia. Por ‘h’ o por ‘b’, los parientes suelen ser a veces motivo de bronca. “Es que le haces más caso a tu madre que a mí”, oyes a veces. “Es que tu padre me ha dicho no sé qué y me ha molestado”, escuchas otras. El caso es que aunque tu chica vaya a comer con tu familia en los días de Navidad y otras festividades, siempre tiene a alguien que poner a caldo de los tuyos. ¡Pues no vengas, coño!

9 – El tiempo libre. En ocasiones, después de trabajar o de haber tenido un mal día, lo primero que te apetece es echarte unas cervezas con unos amigos para reírte y evadirte. Sin embargo, es bastante habitual que tu pareja considere que todo tiempo libre debes dedicárselo única y exclusivamente a ella. “¡Pero tía, que nos vemos cada día en casa! ¡Déjame mi espacio vitaaaaaal!”.

8 – Amigos. Los colegas suelen ser, en numerosas ocasiones, otro foco de controversia. “No me gusta que salgas con fulanito ni con menganito”, suele decir ella. “¡Joder, ni que fuesen unos toxicómanos por fumarse un porrillo de vez en cuando o tomarse un cubata cada vez que salimos!”, piensas en tus adentros.

Pero cuando la cosa empieza a calentarse, no puedes evitar llamar “guarra” y “puta” a la mayor parte de sus amigas, mientras que, normalmente, ella  tacha de “ineptos” y de “inútiles” e incluso de “malas influencias” a tus colegas, ya que solo te invitan a jugar al FIFA y a hacer cosas productivas. Normalmente es verdad, pero…¿y qué? ¡Déjame perder el tiempo como me de la p*** gana!

7 – La impuntualidad. En este terreno, solemos ser los hombres los que iniciamos la batalla, puesto que nos irrita profundamente (al menos, a mí y a muchos que conozco) que nuestra chica no llegue a la hora acordada. Y es que antes de quedar, las mujeres suelen iniciar una sesión de chapa y pintura que se prolonga en la eternidad de una forma desmesurada. Es normal que, habiendo quedado a las 18.00h, a uno se le hinchen las pelotas cuando la otra persona llega casi a la hora de la cena. ¡Joder, es tirar tiempo que se podría invertir jugando al FIFA (por ejemplo)! Soy un tipo maduro, ya lo veis.

6 – Las fechas ‘especiales‘. Sí, el no acordarte de que tu chica y tú cumplís hoy 1 año, 2 meses, 27 días, 12 horas y 35 minutos puede traducirse a veces en un marrón de la ostia. “A una chica tienes que cuidarla; cada día es especial, único”, te dicen cuando no les traes un jodido detalle. ¡Coño, yo llevo meses esperando la camiseta del Barça y ni siquiera para mi cumpleaños la veo! ¿Qué me estás contando?

5 – Dinero. En ocasiones, salir a tomar unas copas con los colegas implica sistemáticamente que debas dejarte una cantidad de dinero similar o, en la mayor parte de veces, muy superior para compensar el desequilibrio que se ha creado en el universo a raíz de tu leve inversión en ese par de birras que ni siquiera pudiste saborear porque estabas pasando lista en el Whatsapp. “¡Ah, ¿que te vas con tus amigos de copas y a mí no me invitas un día al cine y a una cena en un restaurante romántico?!”. De esa frase tan solo pueden salir cosas malas.

4 – Las tareas domésticas. Es cierto que los tíos somos unos vagos, no lo vamos a negar. De hecho, mientras tú prefieres fregar los platos al día siguiente porque estás bien acurrucados en el sofá, tu chica tiene un trastorno obsesivo-compulsivo por limpiar todo apenas un segundo después de haberlo utilizado (platos, vasos, lavabo…). En el momento en el que tu pereza y esa obsesión chocan, estalla una de las grandes peleas, esa en la que salen las típicas coletillas: “Es que eres un p*** vago! Es que lo hago yo todo”, bla bla bla. Puede que en ese aspecto (y tan solo digo ‘puede’) tengan un poquito de razón, pero muy poca.

3 – La ex. La ex novia es un grave problema cuando tienes una relación, y da igual incluso que hayan pasado 13 años desde que estuvieras apenas unos meses con esa chica a la que apenas rozaste un seno. Será siempre el enemigo y el origen de muchas peleas, sobre todo, y subrayo la palabra sobre todo, si de vez en cuando mantienes un leve contacto con ella.

Peor es todavía si le dejas un ‘me gusta’ o un comentario en el Facebook. La guerra estalla. Asimismo, lo de la ex sirve también para cuando estás en plena discusión. Una vez metidos en ella, criticar a tu ex es una de las principales bazas de tu chica, porque poniéndola a caldo se crece. Es algo que no responde a una explicación lógica, pero ocurre. Eso sí, menciónale tú a su ex, la has liado parda, chaval…

2 – “Pues no sé que haces conmigo”. He aquí una de las coletillas más utilizadas en toda discusión. Siempre hay algo que crees que la otra persona puede mejorar, pero en plena guerra de gritos, decirlo puede interpretarse como un ataque que hace explotar la bomba que lleva dentro. “¡Deja ya de ser tan celosa!”. Arde Troya. En ese momento, el “pues no sé qué haces conmigo” se adueña del intercambio de opiniones (con un tono de voz elevadísimo, claro está) y sirve para excusarse de todo, ya que tras estas mágicas palabras aterriza un “pues yo soy así”. ¿Para qué intentar cambiar? ¿Para quéééééé?

1 – La pelea de las peleas. Y cómo no…siempre hay una pelea que deriva de una pelea anterior. Da igual que hayan pasado dos semanas que dos lustros, en esa mente privilegiada (o endemoniada, depende de cómo se mire), siempre habrá una neurona que recuerde que una vez hiciste una gilipollez de la que ni siquiera te acuerdas pero que a ella le quedó marcada a fuego en el pecho.

Es una pelea recurrente, puesto que saldrá incontables veces a lo largo de la relación. Tú crees que ganaste o perdiste aquella guerra, pero para ella es una batalla que no terminó. Y es que las mujeres archivan las discusiones alfabéticamente, mientras que en nuestro cerebro masculino desaparecen como si pasaran por una trituradora de papel. Siempre será así, asúmelo.

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