¿Y si es sólo un grupo (de WhatsApp)?

By on 16/11/2014

"¿Y si es solo un grupo (de WhatsApp)? Fuente: taringa.net

Hoy que es domingo me he decidido a abrir una nueva sección en este nuestro portal que probablemente escape un poco de la esencia de este portal pero que puede ser igual de interesante. Hoy doy vida a la categoría ‘Reflexiones’, con la que pretendemos expresarnos y quejarnos libremente de lo que nos toca los huevos o de lo que nos preocupa. Y una de estas cosas es, precisamente, la irrupción de WhatsApp en nuestras vidas.

Efectivamente, este servicio de mensajería instantánea ha supuesto una revolución a nivel comunicativo, ya que te permite estar en contacto con cualquier persona del mundo a tiempo real. Eso es cojonudo, ya que puedes quedar con tus amigos en cuestión de segundos o incluso enviar todo tipo de documentos en menos que canta un gallo. Si hablamos de WhatsApp como una herramienta de contacto puntual y esporádico, es un invento de la hostia.

Lamentablemente, los límites de esta app han superado incluso sus propias fronteras, sobre todo en lo que a las relaciones de pareja se refiere. Se ha convertido en un Messenger en potencia pero elevado al cuadrado o al cubo. Y es que la existencia de mecanismos como el de la “última hora de conexión” o del ya mítico “doble check azul” (con el que es posible saber que la otra persona ha leído lo que le has escrito) están asesinando esa magia que en el pasado podía tener un SMS o una ‘perdida’.

De todos modos, hoy no quiero hablar de esto porque ya se habrán hecho muchos estudios, artículos e informes. Yo quisiera quejarme más bien de la dependencia que nosotros mismos nos hemos generado respecto a esta aplicación y, en general, a cualquier notificación que nos llega al móvil. Hoy en día, todos estamos pendientes del smartphone, estemos solos, acompañados por una sola persona o incluso estando con varios amigos tomando una cerveza. El móvil está siempre encima de la mesa. Y una simple vibración (que puede ser una invitación de Facebook del típico amigo cabrón que te pide vidas en Candy Crush) es suficiente para desviar nuestra atención hacia a él.

"¿Y si es solo un grupo (de WhatsApp)? Fuente: boredpanda.com

Lo peor del caso es que esta dinámica ha alcanzado unos límites insospechados, tal y como demuestra este estudio fotográfico en el que se muestran imágenes de cómo las relaciones humanas están completamente rotas por culpa de los smartphones. Yo he llegado a enfadarme por ver cómo mi chica abría el WhatsApp en plena película. Y también me he enfadado conmigo mismo por hacer lo propio mientras estaba con amigos, sobre todo porque en muchas ocasiones los mensajes recibidos son de grupos en los que estás con 20 personas más y que carecen completamente de contenido relevante.

En las últimas semanas he intentado hacer un ejercicio de reflexión para interiorizar la siguiente consigna: “¿Y si es sólo un grupo? ¿Y si es sólo uno de tus amigos frikis que pasa una foto de una tía en bolas o de algún meme que, obviamente, no tiene ningún tipo de urgencia y que podrás abrir nada más llegues a casa? ¿Y si es sólo alguno de tus familiares compartiendo cadenas de mensajes más falsos que un billete de tres euros y más antiguas que el mear de pie? ¿Y si es sólo…?”. Sea como fuere, ninguna de estas situaciones puede tener más urgencia que una agradable cerveza con unos amigos o que una romántica velada con tu chica.

No niego que, evidentemente, hay ocasiones en las que se reciben mensajes importantes y que hay que leer. Pero en el pasado eso se solventaba con una llamada. Supongo que muchos estaréis de acuerdo conmigo cuando todo era mucho más fácil con un Nokia 3310 en las manos. Con él en las manos, nadie podía irrumpir en tu cita con esa chica, con él dejabas claro a la otra persona que pensabas en ella con ese ‘llama-cuelga’ y, además, te obligaba a ser creativo para mandar mensajes con menos de 160 caracteres para que no te cobraran dos SMS (y si tenían 161, tirabas la casa por la ventana y lo partías, ya que dos mensajes eran sinónimo de amor verdadero).

En definitiva y a modo de conclusión tras la parrafada. WhatsApp y todo tipo de aplicaciones de mensajería instantánea molan, son cojonudas, no lo voy a negar. Sin embargo, son un arma de doble filo, ya que influyen en las relaciones más de lo que cabía imaginar en el momento de su concepción. Tristemente, ya no hay marcha atrás. Estas apps tienen una presencia y una adicción imparable. Ahora lo único que hay que hacer es luchar contra el vicio que genera esta nueva droga tecnológica y, mediante una voluntad personal enorme, tener los huevos de practicar la abstinencia respecto a su uso. Solo así lograremos que, de nuevo, una perdida o cualquier otro mecanismo de comunicación que no esté vinculado a una notificación vuelva a generar esa ilusión dentro de nosotros. Y para concluir, debo decir que durante el transcurso de la escritura de este artículo me ha vibrado varias veces el móvil y no lo he mirado. Brrrr, brrrr. Vuelve a vibrar. ¿Y si es sólo un grupo?

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